De la Redacción de LA NACION
Detrás de aquellos gestos triunfalistas, de las manos en alto con los dedos en señal de la victoria, de los abrazos y los cánticos, el kirchnerismo legislativo desnudó ayer, como pocas veces, la fragilidad que le provocó el conflicto con el campo.
Merced al triunfo oficialista en las últimas elecciones, el Frente para la Victoria ostenta un poderío legislativo como pocos en la historia parlamentaria. En efecto, en la Cámara de Diputados, y gracias al tejido de alianzas que supo articular con fuerzas aliadas, se erigió en un bloque todopoderoso de unos 155 legisladores. Sin embargo, ayer demoró largas horas hasta obtener el quórum de 129 miembros y luego, en la votación del proyecto, apenas si se impuso por siete votos sobre la oposición, pese a haber desplegado el más impresionante operativo de presión sobre los legisladores.
¿Qué sucedió? El conflicto del Gobierno con el campo y su tremendo impacto social lograron lo que parecía imposible: que oficialismo y oposición casi empardaran en sus fuerzas.
Aquellos 122 votos opositores, todos unidos, fueron el mensaje más claro de parte de la sociedad y del campo de rechazo a la actitud del Gobierno frente a los ruralistas.
El dato más novedoso es la fisura, seguramente sin retorno, en la bancada oficial. Catorce diputados -entre quienes sobresalen Felipe Solá (Buenos Aires), Graciela Camaño (Buenos Aires), Cristina Cremer de Busti (Entre Ríos), Luis Barrionuevo (Catamarca), el cordobés Arturo Heredia y el mendocino Enrique Thomas- saben que difícilmente sean bien recibidos por sus pares tras el voto negativo que le asestaron al proyecto dilecto de la Casa Rosada.
Tampoco gozarán de la mayor simpatía los cuatro legisladores de la Concertación K, liderados por Daniel Katz (Buenos Aires), que también rechazaron la iniciativa.
Pero estas figuras, que seguramente marcharán hacia el destierro kirchnerista, no están solas, sino que se cobijan bajo el paraguas que un núcleo cada vez más alejado del kirchnerismo -integrado por el vicepresidente Julio Cobos, el cordobés José de la Sota, el entrerriano Jorge Busti y el ex presidente Eduardo Duhalde- decidió abrir dentro del escenario político.
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Paralelamente, el conflicto con el campo logró algo impensado hasta hace poco tiempo atrás. Así como las cuatro entidades agropecuarias, antes antagónicas, lograron deponer diferencias para luchar contra un impuesto que consideran confiscatorio, la oposición, antes dividida, ayer exhibió un frente unido detrás del campo. No alcanzó numéricamente, pero asustó, y mucho, al oficialismo, que ayer debió tomar nota de que la oposición, junto con los kirchneristas disidentes, podría superar el centenar de voluntades en el recinto.
Difícilmente se recree en la Cámara de Diputados un escenario tan polarizado como el de ayer. Sin embargo, esa partición por mitad de una de las cámaras legislativas denota, por ahora de manera incipiente, que las mayorías comenzaron a mutar.
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