sábado, octubre 25

El lilium, listo para florecer

Me gusta el verde de las plantas, los distintos verdes que podemos encontrar mirando la maravillosa naturaleza, que es fantastica hasta en las plantas silvestres; las flores, los jardines, los campos...
Copio este artículo que estoy segura que a mas de un/a lector/a les interesará

Por Cristina L. de Bugatti
Para LA NACION

Es muy auspicioso para el mundo jardinero que el Instituto de Floricultura de INTA haya incluido en su Proyecto Nacional las investigaciones sobre liliums.

Estas bellísimas flores pueden ser cultivadas en casi todo el país, se adaptan para lucir en los floreros, el jardín y las macetas, y las nuevas investigaciones proponen una atractiva variedad de especies.

Por caprichos del tiempo, las azucenas blancas, Lilium longiflorum, que acompañaban la primera comunión del 8 de diciembre, ya están apuntando su floración.

Esa especie, originaria de Japón, es la que más se ha hibridado, ha sido habitual en nuestros jardines y ha demostrado su rusticidad.

Todas las especies de lilium son orientales, pero ya han sufrido tantas hibridaciones, tanto naturales como inducidas, que existen más de 3500 variedades registradas.
El lilium o azucena en una planta bulbosa, de crecimiento anual, y floración en primavera y verano.

El bulbo es escamoso; es decir, está formado por secciones finas y curvas unidas a una base. Para iniciar el cultivo, se planta el bulbo y se entierra a igual profundidad que su tamaño, en tierra buena y suelta, que conserve la humedad.

Es sensible a la deshidratación, por eso no debe permanecer desenterrado a la intemperie; si no se replanta enseguida, es necesario humedecerlo y cubrirlo.
El bulbo deshidratado tiene aspecto seco y arrugado, y así se suele ver en los lugares de venta. En esas condiciones, su brotación es más que difícil.
El tamaño del bulbo incide en la floración: convienen los que miden a partir de 10 centímetros de circunferencia.. . Como el frío favorece la formación del brote, es conveniente plantarlos en invierno.
Riegos oportunos y una capa de mantillo, de hojarasca, paja, por ejemplo, que conserve la humedad del suelo, ayudan a su buen desarrollo.
El tallo puede crecer hasta alcanzar un metro de altura, por lo que, a veces, es necesario tutorarlo. Al tope, se forma la inflorescencia
(continúa)

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