jueves, octubre 23

El árbol de los amigos

Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices
por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.
Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar,
mas otras apenas vemos entre un paso y otro.
A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos.

Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza uno de nuestros amigos.
El primero que nace del brote es nuestro amigo papá y nuestra amiga mamá,
que nos muestra lo que es la vida.
Después vienen los amigos hermanos,
con quienes dividimos nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros.
Pasamos a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos y deseamos el bien.

Mas el destino nos presenta a otros amigos,
los cuales no sabíamos que irían a cruzarse en nuestro camino.
A muchos de ellos los denominamos amigos del alma, de corazón.
Son sinceros, son verdaderos.
Saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace feliz.

Y a veces uno de esos amigos del alma estalla en nuestro corazón
y entonces es llamado un amigo enamorado.
Ese da brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios, saltos a nuestros pies.
Mas también hay de aquellos amigos por un tiempo,
tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas.
Ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro,
durante el tiempo que estamos cerca.

Hablando de cerca, no podemos olvidar a amigos distantes,
aquellos que están en la punta de las ramas
y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.
El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas de nuestras hojas,
algunas nacen en otro verano y otras permanecen por muchas estaciones.
Pero lo que nos deja más felices es que las que cayeron continúan cerca,
alimentando nuestra raíz con alegría.
Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestro camino.

Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud, suerte y prosperidad.
Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única.
Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros.

Habrá los que se llevarán mucho,
pero no habrán de los que no nos dejarán nada.
Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida
y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.
Seguramente lo habremos recibido y leido muchas veces, sobre todo para la epoca de Navidad por su forma de "arbol", que a mi no me salió, pero me parece tan cierto, tan autentico que vale la repetición, no lo creen?
Anaiv

2 comentarios:

  1. Yo tengo una hoja que está en una rama alejada, pero las dos nos alimentamos de la misma savia. Una amiga que sabe compartir vinos compañeros, charlas espirituales, chismes jugosos, risas y lágrimas. Que cocina como las diosas y elige los regalos materiales con el alma. Tengo mucha suerte de tenerla y de que escriba éste y sus otros blogs para que las distancias se acorten.

    Un beso, Anaiv, esta tarde te espero en la Fluvial para tomarnos unas cervecitas con tirabuzones de hojaldre.

    :)

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  2. Nina ....me "mataste" en el buen sentido de la palabra...escribis tan bien, escribis con el corazón...y me haces sentir tan pero tan bien...no puedo contestar a lo que escribis porque "se me piantó un lagrimón" (entre vos y yo se me piantaron varios lagrimones al leerte)gracias por tu cariño y ojo nena...ya estoy sentada en la fluvial tomando la cervecita y comiendo el tirabuzón de hojaldre, no pude esperarte,-glotona que es una, vió?!- ya llegas? dale...te estoy esperando!!! es una día fantastico con un sol radiante...apuraaaateee.
    :-)
    Besos, besitos y besotes

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