domingo, febrero 15

Philippe Starck, el mago del diseño

Es uno de los diseñadores más importantes y famosos del mundo. De los que ya figuran en los libros de historia. Para unos es un genio; para otros, apenas un excéntrico.

Se lo conoce por los innovadores proyectos de decoración que ha realizado para la cadena de hoteles del todopoderoso empresario Ian Schrager. Revolucionó la industria del ocio al introducir el concepto de escenografía en el diseño.

Philippe Starck se mueve, en su métier y en las entrevistas, como pez en el agua. Es tan ecléctico que puede ocuparse de hoteles cinco estrellas, de restaurantes absolutamente increíbles en Tokio, de sillones, y hasta de exprimidores u otros objetos económicos. Puede trabajar para pocos y exclusivos personajes como para que sus obras se reproduzcan industrialmente de manera infinita.

En la Argentina, el Faena Hotel + Universe es su carta de presentación.

Pero este hombre que nació en París en enero de 1949 se hizo famoso hace años, cuando el ex presidente francés François Mitterand lo llamó para remodelar el Palacio del Elíseo. El genio errante

Su última mujer, Yazmina, es una bella joven a quien Starck conoció en Louis Vuitton, donde ella trabajaba como jefa de relaciones públicas. No quiere que le tomen fotos durante la entrevista, pero siempre está cerca, observando a su marido.

Juntos, prácticamente viven en su avión particular, pero pueden alternar este hábitat con alguna cabaña sin agua ni luz, lo más alejada posible de la civilización.

No suelen frecuentar cócteles ni ir a comidas de "celebrities". Aunque, de alguna manera, él es considerado una de ellas.

Apenas nos sentamos, Starck pide unos chocolates. Habla en francés, piensa y cuida cada palabra que dice. No quiere ser malinterpretado. Se define, en principio, como un hombre de izquierda. Habla de filosofía, de conceptos estéticos. Nada de lo que dice es "light". Nada. Es tan contundente que, a veces, intimida. Philippe Starck es también un gran diseñador de sus palabras, de su discurso.

-Cuando preparaba este reportaje me preguntaba si me iba a encontrar con una celebridad, con un artista bohemio o con un señor "fashion"... ¿Me ayuda a definirlo?

-En una cultura de consumo, decir que se es una celebridad es completamente normal. Yo no tengo el software para construir una imagen de mí mismo. Simplemente, tengo una cierta filosofía, una cierta ética. Soy lo que ven: un aspecto físico diferente, productos diferentes y cosas que hacen que la gente crea que lo mío es una gran simulación. Pero no lo es.

-Esperaba verlo vestido de negro. De negro absoluto.
-Siempre visto de negro porque el viajar todo el tiempo me permite tener cosas semejantes en todas las casas, y en todos los hoteles. Tengo 150 sacos, 200 jeans y 340 pares de zapatos parecidos. No son siempre los mismos, pero no es por coquetería, como si fuera una estrella, sino porque es práctico. Nuestra manera de vestirnos (la mía y la de mi mujer) es también particular porque viajamos sólo en moto o en avión.

-Me gustaría saber si el haber elegido el diseño en vez de la arquitectura le da más libertad de creación.
-No creo que uno elija una vocación. Creo que uno es elegido por el oficio. Mi padre era inventor en aeronáutica, tenía una compañía de avión; mi madre era un poco artista. Por lo tanto, cuando uno está en un ambiente creativo, basado en la creación tecnológica, recibe una influencia muy fuerte. Aunque si pienso en la educación que me dio mi padre yo debería ser diseñador de estaciones espaciales.

-Pero se convirtió en una especie de objeto de deseo. Lo buscan, le ofrecen suculentos honorarios. No es poca cosa.

-Esa es la parte complicada. Cuando uno tiene un rigor extremo y no está en los salones, en los cócteles; cuando se tiene el coraje de vivir en lugares perdidos de la selva, en medio del mar, en islitas sin agua ni electricidad, entonces uno se ve forzado a tener ideas un poco novedosas. Luego, cuando uno ha pensado bien, trabajado bien, creado un producto con honestidad y generosidad, con una cierta visión de futuro, puede tener éxito.

-Hace mucho hincapié en la honestidad y en la rigurosidad. ¿Esa es su ideología?
-Soy esencialmente político. También se puede decir que soy filosófico. Y ambas cosas están tan radicalizadas en mí que se puede hablar de anarco. Estoy muy radicalizado.

-¿Se refiere a una ideología socialista?, ¿o a una ideología de derecha?
-No hay más que una posición aceptable y es la izquierda. La izquierda representa el altruismo, y la derecha es el egoísmo. Soy evidentemente anticapitalista. Fui el arquitecto de François Mitterrand. No voté a Nicolas Sarkozy, pero, por otro lado, finalmente creo que es un buen presidente, y que además es una persona muy interesante.

-Hay gente que espera "un llamado". ¿El de François Mitterrand era el que usted esperaba?
-No, no lo diría así. Yo no tengo ningún deseo, ninguna ambición, ninguna ansiedad de diseñar un cohete o un barco, nada de ganas de ser el arquitecto del presidente. Para un creativo, la cosa no funciona así.

-¿Y cómo funciona? ¿Cómo se va por la vida sin deseos?
-No tener deseos personales permite tener visión y sueños para los otros. Cuando uno tiene deseos y ambiciones para uno mismo, eso lo enceguece y le quita dimensión. No pienso que se pueda decir de mí que soy un pequeño egoísta. Soy más bien alguien que está estructuralmente basado en el compartir.

-El hotel de Alan Faena es uno de los más lujosos y sofisticados de la Argentina. Y lo decoró usted...
(leer nota completa aqui)

Por Any Ventura
revista@lanacion.com.ar
Traducciones: María Elena Rey

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